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miércoles, 28 de agosto de 2013

El trillo dorado



Sobre un trillo viajé en círculo
Dorado sueño,
Sol de paja
Polvo
Como recuerdos borrosos de la infancia
Pepitas de oro
Para el granero
Alimento del alma, aire que mueve las nubes
¿Traerá la lluvia lágrimas?
Ay, Ay
Madre
La silla se tambalea
Suda la mula ciega
Desaparece la alfombra
Dorada
Y la era se desnuda al atardecer
Para bañarse en
Rojo. Cielo con destellos rosados
Amarillento suelo perdido
Fino, lustroso
Chispas de paja revolotean entre el polvo
Como un recuerdo vívido
Como el deseo
Dorado

martes, 20 de agosto de 2013

Breve viaje al sur de León





Da gusto atravesar el sur de León y ver las tierras cosechadas y en cultivo sobre las mesetas del Esla. Desde Palanquinos hasta Villafer, el campo está plenamente productivo. En Cabreros del Río se alza la cooperativa de Ucogal, en Fresno de la Vega se solazan las huertas y a su lado crecen varias industrias conserveras.
 
Entre Valencia y Valderas abunda el cereal. Cientos de alpacas descansan sobre la tierra, como poliedros gigantescos de paja.
 
Entrando en Gordoncillo te abrazan viñas, igual que en Los Oteros donde todavía hay palomares que hacen de vigías del tiempo y albergue de palomas.
 

Girasoles en Carbajal de Fuentes. Foto: José Cortizo
 El canal del Porma ha transformado en regadío tierras que siempre vi en secano y hoy crece el maíz en Campazas, por ejemplo. El ganado se guarda del calor en las majadas en Carbajal de Fuentes.
 
En Villaornate, siempre llamando al agua, vi los gigantes húmedos. Parecen grandes pájaros a punto de despegar por encima de los campos. Son aspersores con brazos de los que brotan fuentes de agua fina que refresca el campo al atardecer.
 
 El Esla llega ahora por un canal que se llama Porma desde Riaño. Por debajo de las bodegas cursa el río, metido en cintura, en silencio. Frío y distante. Por la mañana habrá rocío en los campos cultivados.
 

Pasamos a la margen derecha del Esla por el nuevo puente entre Castrofuerte y Valencia. Se llega en un momento a Toral de los Guzmanes y recorremos la vieja carretera de Benavente.
 

Amapolas en Los Oteros. Foto: Ana Gaitero
 Las cooperativas ganaderas son en este lado el potencial económico más destacado. Larga vida a estas tierras fértiles. Sería muy triste para mí verlas de baldío. Vagabundas.

sábado, 17 de agosto de 2013

Las mujeres y los días en La Cabrera



La idea de que las mujeres han estado recluidas en el hogar por los siglos de los siglos se hace trizas a poco que se escarbe en la memoria de los pueblos. Las imágenes recogidas a lo largo del siglo XX en La Cabrera lo certifican, como sucede en la serie de instantáneas que Puri Lozano y Miguel Sánchez tomaron de la realidad de esta comarca en los años 80, cuando ya era una tierra emigrada.


Mujer y trabajo se han confundido en una historia olvidada y marginada en los anales, pero que llevamos impresa en los genes, en las costumbres y en lo que queda de la tradición oral. En La Cabrera había tanta o más faena fuera que dentro de casa. Las mujeres iban de vecera desde niñas, y mataban el tiempo hilando en el monte junto al ganado; mientras cuidaban a la prole, sacaban un rato para jalear los botos de leche y hacer la mantequilla.


 Son esas sabias, como la gran Aurora de Losadilla, que manejaban el telar con la fuerza y la pericia necesarias e hincaban el arado en las bouzas empinadas con la energía masculina nunca castrada. 


Segar el pan, hacer bolortos, majar… Las mujeres siempre han tirado del carro de la vida, guiando con firmeza la yunta o vigilando y sujetando la siega, el pan de cada día, para no perderlo por el camino. Inventaron la supervivencia sin descuidar la belleza, como bien reflejan las mantas y paños que tejieron hasta hace pocas décadas en los telares y que hoy sólo habitan en museos o en habitaciones invadidas de telarañas.


Puede que el trabajo no las equiparara al hombre en derechos, pero marcó su carácter. He visto en La Cabrera a mujeres decididas, emprendedoras, mujeres de coraje y mujeres que emigraron detrás de los hombres para cumplir su proyecto de vida pese a ese refrán de La Baña que reza: “Moza bona y vaca bona, ñon sal de La Baña fora” y que alude, sin duda, a la endogamia característica de comunidades aisladas. 


No las movía un afán liberador, de emancipación femenina, sino un sentido práctico de la vida que las equiparó de facto a sus compañeros de fatigas y de alegrías. Las relaciones entre hombres y mujeres en La Cabrera están marcadas por ese codo con codo que exigía la economía de subsistencia y que hizo que hasta las primeras escuelas, por necesidad, fueran mixtas.


Pero las mujeres, no nos llamemos a engaño, tenían encomendados, además, el cuidado de la prole, la labor nutricia y el mantenimiento del hogar. 


Dora, de Forna. Foto: Nino Cabero Morán
La doble jornada de las mujeres, a la que todavía hoy se buscan fórmulas de conciliación, existe desde el principio de los tiempos y en La Cabrera, donde se congeló el reloj al menos un siglo, hay pruebas que lo atestiguan. Porque siendo una comarca olvidada para el progreso, siempre fue objeto de atención de gentes curiosas y estudiosas, desde el alemán Fritz Krügger en los años 20 a la leonesa Concha Casado en los 40 y el berciano Ramón Carnicer en los sesenta, que han dejado buenas pruebas en sus libros y fotografías.


Recorriendo los pueblos de La Cabrera descubrí hace unos años que las mujeres eran esos seres anónimos que han tejido la historia; esas sabias que no aparecen en los libros de texto y que son en gran parte responsables de la tradición oral que hoy conservamos en forma de cuentos, leyendas y canciones; esas inventoras de la solidaridad que hoy tiene su continuidad natural en las comunidades africanas y americanas en las que la mujer es el bastión de la supervivencia; esas maestras que, como doña Olimpia, de Encinedo, enseñaron las primeras letras a generaciones de cabreireses que han tenido una vida más próspera que la de sus antepasados; esas cocineras que, como Tránsito, de Ambasaguas, revolucionaron la pobre gastronomía heredada; esas lavanderas que descubrieron la salubridad de la higiene arrodilladas sobre una tabla en los arroyos; esa niña que Ramón Carnicer retrató descalza en los años 60 y hoy patea en coche las pueblos desde Truchas a Castrillo con la escasa correspondencia postal que aún llega a la comarca; esas abuelas, como Fidelia, de Marrubio, que ataron bolortos hasta los años 80 y esas mozas que garantizan la continuidad de una tradición tan masculina como las danzas de palos, en las que antaño hasta la Dama era un hombre.



Ana Gaitero Alonso

León, 27 de julio de 2010










jueves, 15 de agosto de 2013

Por San Roque, Armunia





Vecinas y vecinos de Armunia,

Un año más agosto nos convoca a las fiestas de San Roque, a las que pocas veces he faltado desde el verano de 1973. Aquel año  mi padre vio en este pueblo, en los aledaños de la capital, un futuro para la familia.
Agosto. 2010. Año jubilar. De crisis, pero de nieves y de bienes, espero, me corresponde abrir el festejo. 
 
Lo hago con el recuerdo de aquella segunda infancia. Cuando la fiesta de Armunia era tan grande como la vega y afamada por su mercado de melones y sandías, que se erigían en suculentas montañas para la ocasión. Tómbolas, verbenas y caballitos… y gente, mucha gente…
 
Plaza España, Vista Alegre, el Jano y la Era son las referencias espaciales de aquel tiempo de calles de tierra, rebaños de ovejas y juegos en la escuela. La hoguera de San Juan, la Pastorada y el auto de Reyes y las fiestas de San Roque, los acontecimientos señeros que rompían la rutina de los días.
Entonces Armunia era cabeza de ratón; pero aspiraba a ser León.

Sus terrenos dieron la bienvenida a industrias prósperas como Antibióticos y Vile; a centros de enseñanza, como el Don Bosco y el Instituto García Bellido, la Escuela de Ingenerías Agrarias, las escuelas primarias de Lope de Vega; Gumersindo Azcárate, el nuevo Padre Manjón y María Auxiliadora más tarde, casi al mismo tiempo que el centro de salud.
 
Para ser León, Armunia sacrificó también sus vegas, sobre las que, tarde y mal, porque no dejaban de ser humedales, se construyeron más de medio millar de viviendas sociales que aumentarían la población con un aluvión de nuevas gentes llegadas desde todos los puntos de la ciudad y de la provincia. 
 
Era una buena causa. 
 
Y sus calles fueron bautizadas con literatura. De Góngora a Rosalía de Castro; de Jorge Manrique a Miguel Hernández; de Gabriela Mistral, primera mujer premio Nobel de Literatura, a Federico García Lorca… el poeta que cantó a los gitanos desde la dignidad y la justicia y que murió asesinado en un aciaga noche de agosto del verano del 36.
 
Se cerraba el Ayuntamiento de Armunia y se abría la guardería Santa Margarita, una de las primeras que hubo en la capital. Eran nuevos tiempos. Las mujeres, cada vez más, trabajaban fuera de casa y escaseaban las abuelas para cuidar a las criaturas tan cerca de la ciudad. El mundo estaba también en crisis, en proceso de cambio.
 
No calcularon los políticos la dimensión de aquellos cambios para un pueblo que de municipio pasó a pedanía; y de cabeza de ratón a cola de León. A los políticos se les dan mal las matemáticas y, peor aún la sociología, más allá de las fechas electorales y las campañas de marketing y propaganda para seguir en el poder o arrebatárselo al contrario.
 
Casi cuarenta años después, la cohesión social entre pueblo y barriada es todavía una utopía, aunque ahora Armunia luce el cartel del nuevo ARI (Área de Rehabilitación Integral) y hay quienes cifran su prosperidad en nuevas obras: el CIA, aún pendiente de abrir y de ofrecer a la ciudadanía un contenido; el Palacio de Congresos y Exposiciones, en la antigua Azucarera; el Parque Tecnológico, entre lo que queda de era y Oteruelo. Y la expectativa de un desarrollo urbanístico sobre las antaño fértiles huertas.
 
Pero el hormigón carece de afectos. No está pensado para fraguar las relaciones humanas. Requiere de acciones sociales y políticas, y también individuales y personales, para trascender el mero enriquecimiento de unos pocos y ser fuente de riqueza colectiva. 
 
Armunia tiene derecho a ser León y no ser marginada a cola de León. Y tiene el deber de no conformarse. De participar de la construcción de un futuro que, inevitablemente, aquí y en el mundo entero, pasa por el mestizaje, la tolerancia y la solidaridad. 
 
La vieja presa debe dejar de ser línea de divisoria y convertirse en cauce de unión. Alguien debería pensar en recuperarla como espacio natural, con sendas a ambos lados y, por pedir, hasta una bolera, un tablao para jotas y flamenco y el recuerdo de alguno de sus molinos.
 
Volvamos a creer en San Roque, en unas buenas fiestas de Armunia para todo el mundo. Que se levanten sobre la era montañas de melones y sandías. 
 
No nos lamentemos de la enfermedad del abandono. 
 
Comamos y bebamos; bailemos y riamos. Cantemos… y contemos una nueva era para Armunia.

¡Que comience la fiesta…!
¡Viva San Roque!
¡Prosperidad para Armunia!


Ana Gaitero Alonso.
Pregón de las fiestas de San Roque, en Armunia
Pronunciado el 16 de agosto de 2010 en la era del pueblo (o en lo que de ella queda).


  

sábado, 10 de agosto de 2013

De la viña al vino



Pregón XIV Feria Vitivinícola de Gordoncillo

Gordoncillensas, gordoncillenses, autoridades, amigos y amigas, visitantes, gentes del sur de León:

El vino y su cultura milenaria nos reúnen un año más en este ritual de agosto de la ya consolidada Feria Vitivinícola de Gordoncillo. Son ya catorce ediciones. Felicidades: Al pueblo y a las viñas;  a viticultores y a vuestra bodega. No os puedo nombrar uno a uno, una a una, porque sois mucha y buena gente la que está detrás de este gran proyecto de desarrollo rural sostenible.

Todas y todos sois protagonistas y responsables de este festín vitivínicola; como también lo son el Ayuntamiento de Gordoncillo y su alcalde y Corporación, que no escatiman esfuerzos para que todo salga a pedir de boca, la plaza se llene de buena uva y el personal se parta de risa con las acrobacias del humor del Festival Internacional de Payasos. Una hazaña cultural y estival que, dicho sea de paso, cumple once años. 

Mis parabienes también para las instituciones, entidades y empresas que colaboran en la decimocuarta Feria Vitivinícola de Gordoncillo: Diputación de León, Junta de Castilla y León, Gordonzello S.A. y la Asociación Musical Orquesta Ibérica. De algunas se puede decir que por una vez hacen lo que deben.