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martes, 24 de septiembre de 2013

Garbanzos

Garbanzos antes de la trilla
"Por San Marcos tu garbanzo, ni nacido ni por sembrar", me dijo mi madre. Estos garbanzos se sembraron con tiempo y se cosecharon a finales de agosto. ¿Cómo se trillan los garbanzos?, pregunto. "Primero se apaleaban con la tornadera y luego se barrían", me cuenta mi madre. ¿Y qué es la tornadera? "Un palo largo con picos adelante..." 

Dicen que el buen garbanzo y el buen ladrón de Fuentesauco son. Pero estos son de aquí al lado y tienen muchos cuidados, son de siembra colectiva y de cosecha común. De huerta comunitaria, de aquí al lado.

Lección para un cocido. Yo no tenía tornadera y garbanzos, muy pocos. Los apaleé en la terraza y los barrí con las manos. Un ejercicio muy recomendable. Meditación. El tiempo cobra otro valor al introducirte en el ciclo de la                                              naturaleza.  Cambia la relación contigo misma. Es una experiencia gratificante.
De los garbanzos se pueden contar muchas historias. La primera que yo oí fue la de "garbancito, ¿dónde estás?" Poner a remojo los garbanzos era un ritual casi diario. Por la noche, antes de acostarse. En una pota con agua templada. Por la mañana, a prender la lumbre y el cocido al fuego. Luego creció en mí la idea de ganarme los garbanzos.

Garbanzos para un cocido
Cocido. Cocido maragato. Cocido de vendimias. Garbanzos con bacalao. Humus. El garbanzo evoluciona. El garbanzo es de tierras de secano. Pide poco y da mucho.

Tornadera





sábado, 21 de septiembre de 2013

Vasos incomunicantes

Hoy es el Día Mundial del Alzhéimer. Hoy se habla del cese de la memoria. Hablar, recordar. Bajar a la sima de las neuronas secas y humedecerlas con una palabra, una imagen, una muñeca. O ya tan sólo un abrazo. La enfermedad del olvido es una epidemia.

Mi madre aún tiene buena memoria. Es uno de sus tesoros. Pero cada vez más, postrada en la cama, no quiere recordar. Le duele. Quiere respirar y el aire apenas llega a sus pulmones.

Sufre una enfermedad rara, ignorada, olvidada por la ciencia. En casa empezamos a conocerla hace 16 años pero nunca le pudimos poner cara ni etiqueta. La medicina no encontró su rastro, sólo unos síntomas. Alarmantes.La paciente se sobreponía sorprendentemente al cuadro fatal. Desarrolló venas donde no las hay para evacuar la sangre de la vena cava.

El síndrome desconcierta y descoloca los parámetros de la clínica. Debería ser un cáncer pero no lo es. Es una masa sin nombre en el mediastino. Un ovillo de vasos incomunicantes.


jueves, 19 de septiembre de 2013

A dos agujas, a dos aguas

Mediodía del martes. Día de tertulia en las ondas de Radio León. Camino por la ciudad. En La Inmaculada vi a una mujer sentada en una sillita, tricotando a dos agujas. A su derecha, en el suelo, dos patucos azules muestran sus habilidades. Un platito con unas monedas me indica que vende su mercancía y/o la estampa de su trabajo. Me sobrecogió. Pocas calles abajo, en pleno Ordoño II, un chico joven con un cartel en el suelo: TENGO HAMBRE. Si no hubiera sido por el brillo del piercing no habría visto su rostro, ni apreciado su juventud. Estaba medio escondido entre el papel doblado a dos aguas. No sé si sentí.

martes, 3 de septiembre de 2013

Días de radio

Primero fue una radio grande con dos grandes ruedas. La una para mover el dial. Buscaba incansablemente con un ruido de fondo como de lluvia torrencial sobre un tejado de hojalata. Hasta que la voz mágica, aunque fría y distante, emergía de las ondas: 'Diario hablado de Radio Nacional de España'. Daba igual en qué emisora estuviera la aguja. Esa voz salía de todas ellas. Durante un tiempo me preguntaba dónde estaba esa persona, de dónde salía su voz y cómo traspasaba la gran caja por todos sus recovecos parlantes. Acabé por asumirlo como algo natural. ¿Acaso sabemos las personas de dónde sale nuestra voz o por qué callamos? Dejé de hacerme preguntas y escuchaba. Me gustaba pegar la oreja al mueble hablante y buscar nuevas invisibles.

Cuentan que por la noche mi padre movía también la otra rueda. Bajaba el volumen del aparato y buscaba en la onda corta otras voces, libres en la clandestinidad. Radio Pirenaica saltaba la frontera de la censura desde Bucarest, aunque todo el mundo se imaginaba a Carrillo y a la Pasionaria en un refugio al otro lado de los Pirineos. Eso lo supe más tarde. Luego vinieron los transitores y el vicio de las radionovelas. Lucecita. La sempiterna historia de la criada guapa enamorada y engañada por el señorito. Pronto pasaste a los 40 principales... Música. Música y música. Pero era inevitable seguir las aventuras del abuelo Porreta por la mañana y aún oías la voz de Gelete antes de dar el salto desde la cocina a la calle. Corriendo. Con los libros en la cartera. De Radio León a Radio 3... Días de radio.En León, en Madrid, en Ponferrada... Otra vez en León.

Hoy me he metido en la radio. Y me he convertido, por un ratito, en una invisible parlante.