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martes, 11 de noviembre de 2014

LA CAJA ROSA

La caja rosa
I

Esta caja rosa tiene una historia. Llegó a mis manos el 25 de noviembre de 2011. Viajó mucho tiempo en el maletero de mi coche. Me inquietaba su contenido y no quería abrirla. Tampoco me decidía a tirarla a la basura. Este verano, una tarde nublada, me senté en el sillón y levanté la tapa. Os la iré mostrando  (21-10-2014)

II
La caja no era exactamente rosa. Estaba sembrada de cuadrículas rosas, grises y blancas habitadas por corazones, estrellas y flores. Tenía la sospecha de que aquella caja no era exactamente un regalo.

Antes de abrirla trate de escuchar sus sonidos y reconocer el tacto o algún olor familiar. Cerré los ojos y vio a una mujer con la caja en la mano. Descendía por una escalera con parsimonia.

Como si llevara una ofrenda en sus manos o toda una vida . Vi brillar levemente su pelo rizado, color cobre, al atravesar el descansillo por cuya ventana se colocaban unos rayos de luz. Una lágrima brotó de sus ojos azul pálido y acarició las pecas de su cara.

Estaba abatida. Pero logró recomponerse haciendo equilibrios con la caja y sacando un pañuelo de papel del bolso antes de salir a la calle. La recibió el aire frío de un día soleado, tan familiar que lo hubiera echado en falta. (28-10-2014)

III

Aún era otoño en aquella ciudad congelada en el tiempo. Cruzó la calle hacia la acera donde el sol aliviaba el paseo de ancianas y la huida de oficinistas a los cafés a media mañana. Notó que algunas miradas se posaban sobre ella, o más bien, sobre la caja rosa. Pesaba poco, pero era lo suficientemente voluminosa como para no pasar desapercibida incluso allí donde la apatía se había apoderado de la gente.

Cruzó varias calles y encontró abiertas las puertas de la oficina que buscaba. Había cola. Varias mujeres y hombre estaban delante de ella. Anunciantes de sección de Relax. Las chicas hablaban con acento extranjero.  No se molestaban en bajar el tono de voz y aunque lo hicieran daría igual. La mujer que tomaba nota lo recitaba con buen timbre, como si se dirigiera a un auditorio imaginario.

“Mujer con sombrero y flores en la cabeza da clases de fragilidad. Eficaz tratamiento para ejecutivos agresivos. Horario flexible. Se fía”

Las palabras del anuncio imaginario resonaron en su mente. Estuvo a punto de pronunciarlas cuando le tocó el turno y posó la caja sobre el mostrador.

(5-11-2014)

IV

La empleada miró a la mujer con cara de circunstancias. Pero aceptó el encargo. Estaba acostumbrada a que le llegaran con las encomiendas más extrañas. Aquella caja llevaba un regalo de buen gusto, sin duda. Sólo le preguntó si quería dejar una nota. La misteriosa mujer del cabello cobrizo le dio un nombre y una dirección. Sonrieron y se despidieron.

Con el tiempo pude reconstruir el camino de la caja rosa hasta mi mesa, aquel  25 de noviembre.

Al abrir la caja me encontré con un montón de objetos extrañamente envueltos en periódicos y papel de seda o atados con cuerdas. Objetos amordazados. Pensé que aquella mujer me quería decir algo importante. O tal vez sólo era una broma de mal gusto. O una obra de arte. Vete a saber.

Yo no quería descifrar el mensaje. Me angustiaba. Me daba repelús. La caja, como os dije, permaneció ignorada durante tres años en el maletero de mi coche. Sí, es muy extraño. El miedo cercenó mi curiosidad.

11-11-2014


Continuará....



jueves, 6 de noviembre de 2014

Néptuno, préstame el tridente

Neptuno, préstame el tridente
Fuente de Neptuno. Jardín de San Francisco.  León
 o te lo quito.
¡Quién fuera fuente!
Paciente agua, otoño indiferente.
 Hoja condescendiente.
 Yo soy viento. Y no puedo detenerme. A mi paso el agua se balancea
y me persigue su húmedo aliento.
Las hojas abandonan sus cómodos lechos,
se agitan voluptuosamente
 al oír los gemidos de las sirenas que me acompañan.
 Voy hacia el mar. Ellas saben.
Donde la nube.
Dame el tridente, Neptuno.