jueves, 19 de septiembre de 2013
A dos agujas, a dos aguas
Mediodía
del martes. Día de tertulia en las ondas de Radio León. Camino por la
ciudad. En La Inmaculada vi a una mujer sentada en una sillita,
tricotando a dos agujas. A su derecha, en el suelo, dos patucos azules
muestran sus habilidades. Un platito con unas monedas me indica que
vende su mercancía y/o la estampa de su trabajo. Me sobrecogió. Pocas
calles abajo, en pleno Ordoño II, un chico joven con un cartel en el
suelo: TENGO HAMBRE. Si no hubiera sido por el brillo del piercing no
habría visto su rostro, ni apreciado su juventud. Estaba medio escondido
entre el papel doblado a dos aguas. No sé si sentí.
martes, 3 de septiembre de 2013
Días de radio
Primero fue una radio grande con dos grandes ruedas. La una para mover el dial. Buscaba incansablemente con un ruido de fondo como de lluvia torrencial sobre un tejado de hojalata. Hasta que la voz mágica, aunque fría y distante, emergía de las ondas: 'Diario hablado de Radio Nacional de España'. Daba igual en qué emisora estuviera la aguja. Esa voz salía de todas ellas. Durante un tiempo me preguntaba dónde estaba esa persona, de dónde salía su voz y cómo traspasaba la gran caja por todos sus recovecos parlantes. Acabé por asumirlo como algo natural. ¿Acaso sabemos las personas de dónde sale nuestra voz o por qué callamos? Dejé de hacerme preguntas y escuchaba. Me gustaba pegar la oreja al mueble hablante y buscar nuevas invisibles.
Cuentan que por la noche mi padre movía también la otra rueda. Bajaba el volumen del aparato y buscaba en la onda corta otras voces, libres en la clandestinidad. Radio Pirenaica saltaba la frontera de la censura desde Bucarest, aunque todo el mundo se imaginaba a Carrillo y a la Pasionaria en un refugio al otro lado de los Pirineos. Eso lo supe más tarde. Luego vinieron los transitores y el vicio de las radionovelas. Lucecita. La sempiterna historia de la criada guapa enamorada y engañada por el señorito. Pronto pasaste a los 40 principales... Música. Música y música. Pero era inevitable seguir las aventuras del abuelo Porreta por la mañana y aún oías la voz de Gelete antes de dar el salto desde la cocina a la calle. Corriendo. Con los libros en la cartera. De Radio León a Radio 3... Días de radio.En León, en Madrid, en Ponferrada... Otra vez en León.
Hoy me he metido en la radio. Y me he convertido, por un ratito, en una invisible parlante.
Cuentan que por la noche mi padre movía también la otra rueda. Bajaba el volumen del aparato y buscaba en la onda corta otras voces, libres en la clandestinidad. Radio Pirenaica saltaba la frontera de la censura desde Bucarest, aunque todo el mundo se imaginaba a Carrillo y a la Pasionaria en un refugio al otro lado de los Pirineos. Eso lo supe más tarde. Luego vinieron los transitores y el vicio de las radionovelas. Lucecita. La sempiterna historia de la criada guapa enamorada y engañada por el señorito. Pronto pasaste a los 40 principales... Música. Música y música. Pero era inevitable seguir las aventuras del abuelo Porreta por la mañana y aún oías la voz de Gelete antes de dar el salto desde la cocina a la calle. Corriendo. Con los libros en la cartera. De Radio León a Radio 3... Días de radio.En León, en Madrid, en Ponferrada... Otra vez en León.
Hoy me he metido en la radio. Y me he convertido, por un ratito, en una invisible parlante.
miércoles, 28 de agosto de 2013
El trillo dorado
Sobre un trillo viajé en círculo
Dorado sueño,
Sol de paja
Polvo
Como recuerdos borrosos de la infancia
Pepitas de oro
Para el granero
Alimento del alma, aire que mueve las nubes
¿Traerá la lluvia lágrimas?
Ay, Ay
Madre
La silla se tambalea
Suda la mula ciega
Desaparece la alfombra
Dorada
Y la era se desnuda al atardecer
Para bañarse en
Rojo. Cielo con destellos rosados
Amarillento suelo perdido
Fino, lustroso
Chispas de paja revolotean entre el polvo
Como un recuerdo vívido
Como el deseo
Dorado
martes, 20 de agosto de 2013
Breve viaje al sur de León
Da gusto atravesar el sur de León y ver las tierras cosechadas y en cultivo sobre las mesetas del Esla. Desde Palanquinos hasta Villafer, el campo está plenamente productivo. En Cabreros del Río se alza la cooperativa de Ucogal, en Fresno de la Vega se solazan las huertas y a su lado crecen varias industrias conserveras.
Entre Valencia y Valderas abunda el cereal. Cientos de alpacas descansan sobre la tierra, como poliedros gigantescos de paja.
Entrando en Gordoncillo te abrazan viñas, igual que en Los Oteros donde todavía hay palomares que hacen de vigías del tiempo y albergue de palomas.
El canal del Porma ha transformado en regadío tierras que siempre vi en secano y hoy crece el maíz en Campazas, por ejemplo. El ganado se guarda del calor en las majadas en Carbajal de Fuentes.
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| Girasoles en Carbajal de Fuentes. Foto: José Cortizo |
En Villaornate, siempre llamando al agua, vi los gigantes húmedos. Parecen grandes pájaros a punto de despegar por encima de los campos. Son aspersores con brazos de los que brotan fuentes de agua fina que refresca el campo al atardecer.
El Esla llega ahora por un canal que se llama Porma desde Riaño. Por debajo de las bodegas cursa el río, metido en cintura, en silencio. Frío y distante. Por la mañana habrá rocío en los campos cultivados.
Pasamos a la margen derecha del Esla por el nuevo puente entre Castrofuerte y Valencia. Se llega en un momento a Toral de los Guzmanes y recorremos la vieja carretera de Benavente.
Pasamos a la margen derecha del Esla por el nuevo puente entre Castrofuerte y Valencia. Se llega en un momento a Toral de los Guzmanes y recorremos la vieja carretera de Benavente.
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sábado, 17 de agosto de 2013
Las mujeres y los días en La Cabrera
La idea de que las mujeres han estado recluidas en el
hogar por los siglos de los siglos se hace trizas a poco que se escarbe en la
memoria de los pueblos. Las imágenes recogidas a lo largo del siglo XX en La
Cabrera lo certifican, como sucede en la serie de instantáneas que Puri Lozano y Miguel
Sánchez tomaron de la realidad de esta comarca en los años 80, cuando ya era una
tierra emigrada.
Mujer y trabajo se han confundido en una historia olvidada y
marginada en los anales, pero que llevamos impresa en los genes, en las
costumbres y en lo que queda de la tradición oral. En La Cabrera había tanta o
más faena fuera que dentro de casa. Las mujeres iban de vecera desde niñas, y
mataban el tiempo hilando en el monte junto al ganado; mientras cuidaban a la
prole, sacaban un rato para jalear los botos de leche y hacer la mantequilla.
Son esas sabias, como
la gran Aurora de Losadilla, que manejaban el telar con la fuerza y la pericia
necesarias e hincaban el arado en las bouzas empinadas con la energía masculina
nunca castrada.
Segar el pan, hacer bolortos, majar… Las mujeres siempre han
tirado del carro de la vida, guiando con firmeza la yunta o vigilando y
sujetando la siega, el pan de cada día, para no perderlo por el camino. Inventaron
la supervivencia sin descuidar la belleza, como bien reflejan las mantas y
paños que tejieron hasta hace pocas décadas en los telares y que hoy sólo
habitan en museos o en habitaciones invadidas de telarañas.
Puede que el trabajo no las equiparara al hombre en
derechos, pero marcó su carácter. He visto en La Cabrera a mujeres decididas,
emprendedoras, mujeres de coraje y mujeres que emigraron detrás de los hombres
para cumplir su proyecto de vida pese a ese refrán de La Baña que reza: “Moza
bona y vaca bona, ñon sal de La Baña fora” y que alude, sin duda, a la
endogamia característica de comunidades aisladas.
No las movía un afán liberador, de emancipación femenina,
sino un sentido práctico de la vida que las equiparó de facto a sus compañeros
de fatigas y de alegrías. Las relaciones entre hombres y mujeres en La Cabrera
están marcadas por ese codo con codo que exigía la economía de subsistencia y
que hizo que hasta las primeras escuelas, por necesidad, fueran mixtas.
Pero las mujeres, no nos llamemos a engaño, tenían
encomendados, además, el cuidado de la prole, la labor nutricia y el
mantenimiento del hogar.
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| Dora, de Forna. Foto: Nino Cabero Morán |
La doble jornada de las mujeres, a la que todavía hoy se
buscan fórmulas de conciliación, existe desde el principio de los tiempos y en
La Cabrera, donde se congeló el reloj al menos un siglo, hay pruebas que lo
atestiguan. Porque siendo una comarca olvidada para el progreso, siempre fue
objeto de atención de gentes curiosas y estudiosas, desde el alemán Fritz
Krügger en los años 20 a la leonesa Concha Casado en los 40 y el berciano Ramón
Carnicer en los sesenta, que han dejado buenas pruebas en sus libros y
fotografías.
Recorriendo los pueblos de La Cabrera descubrí hace unos
años que las mujeres eran esos seres anónimos que han tejido la historia; esas
sabias que no aparecen en los libros de texto y que son en gran parte
responsables de la tradición oral que hoy conservamos en forma de cuentos,
leyendas y canciones; esas inventoras de la solidaridad que hoy tiene su
continuidad natural en las comunidades africanas y americanas en las que la
mujer es el bastión de la supervivencia; esas maestras que, como doña Olimpia, de
Encinedo, enseñaron las primeras letras a generaciones de cabreireses que han
tenido una vida más próspera que la de sus antepasados; esas cocineras que,
como Tránsito, de Ambasaguas, revolucionaron la pobre gastronomía heredada;
esas lavanderas que descubrieron la salubridad de la higiene arrodilladas sobre
una tabla en los arroyos; esa niña que Ramón Carnicer retrató descalza en los
años 60 y hoy patea en coche las pueblos desde Truchas a Castrillo con la
escasa correspondencia postal que aún llega a la comarca; esas abuelas, como
Fidelia, de Marrubio, que ataron bolortos hasta los años 80 y esas mozas que garantizan
la continuidad de una tradición tan masculina como las danzas de palos, en las
que antaño hasta la Dama era un hombre.
Ana Gaitero Alonso
León, 27 de julio de 2010
jueves, 15 de agosto de 2013
Por San Roque, Armunia
Vecinas y vecinos de Armunia,
Un año más agosto nos convoca a las fiestas de San Roque, a las que pocas veces he faltado desde el verano de 1973. Aquel año mi padre vio en este pueblo, en los aledaños de la capital, un futuro para la familia.
Agosto. 2010.
Año jubilar. De crisis, pero de nieves y de bienes, espero, me corresponde
abrir el festejo.
Lo hago con
el recuerdo de aquella segunda infancia. Cuando la fiesta de Armunia era tan
grande como la vega y afamada por su mercado de melones y sandías, que se
erigían en suculentas montañas para la ocasión. Tómbolas, verbenas y
caballitos… y gente, mucha gente…
Plaza
España, Vista Alegre, el Jano y la Era son las referencias espaciales de aquel
tiempo de calles de tierra, rebaños de ovejas y juegos en la escuela. La
hoguera de San Juan, la Pastorada y el auto de Reyes y las fiestas de San
Roque, los acontecimientos señeros que rompían la rutina de los días.
Entonces
Armunia era cabeza de ratón; pero aspiraba a ser León.
Sus terrenos dieron la bienvenida a industrias prósperas como Antibióticos y Vile; a centros de enseñanza, como el Don Bosco y el Instituto García Bellido, la Escuela de Ingenerías Agrarias, las escuelas primarias de Lope de Vega; Gumersindo Azcárate, el nuevo Padre Manjón y María Auxiliadora más tarde, casi al mismo tiempo que el centro de salud.
Sus terrenos dieron la bienvenida a industrias prósperas como Antibióticos y Vile; a centros de enseñanza, como el Don Bosco y el Instituto García Bellido, la Escuela de Ingenerías Agrarias, las escuelas primarias de Lope de Vega; Gumersindo Azcárate, el nuevo Padre Manjón y María Auxiliadora más tarde, casi al mismo tiempo que el centro de salud.
Para ser
León, Armunia sacrificó también sus vegas, sobre las que, tarde y mal, porque
no dejaban de ser humedales, se construyeron más de medio millar de viviendas
sociales que aumentarían la población con un aluvión de nuevas gentes llegadas
desde todos los puntos de la ciudad y de la provincia.
Era una
buena causa.
Y sus calles
fueron bautizadas con literatura. De Góngora a Rosalía de Castro; de Jorge
Manrique a Miguel Hernández; de Gabriela Mistral, primera mujer premio Nobel
de Literatura, a Federico García Lorca… el poeta que cantó a los gitanos desde
la dignidad y la justicia y que murió asesinado en un aciaga noche de agosto
del verano del 36.
Se cerraba el
Ayuntamiento de Armunia y se abría la guardería Santa Margarita, una de las
primeras que hubo en la capital. Eran nuevos tiempos. Las mujeres, cada vez
más, trabajaban fuera de casa y escaseaban las abuelas para cuidar a las
criaturas tan cerca de la ciudad. El mundo estaba también en crisis, en proceso
de cambio.
No
calcularon los políticos la dimensión de aquellos cambios para un pueblo que de
municipio pasó a pedanía; y de cabeza de ratón a cola de León. A los políticos
se les dan mal las matemáticas y, peor aún la sociología, más allá de las
fechas electorales y las campañas de marketing y propaganda para seguir en el
poder o arrebatárselo al contrario.
Casi
cuarenta años después, la cohesión social entre pueblo y barriada es todavía
una utopía, aunque ahora Armunia luce el cartel del nuevo ARI (Área de
Rehabilitación Integral) y hay quienes cifran su prosperidad en nuevas obras:
el CIA, aún pendiente de abrir y de ofrecer a la ciudadanía un contenido; el
Palacio de Congresos y Exposiciones, en la antigua Azucarera; el Parque
Tecnológico, entre lo que queda de era y Oteruelo. Y la expectativa de un
desarrollo urbanístico sobre las antaño fértiles huertas.
Pero el
hormigón carece de afectos. No está pensado para fraguar las relaciones
humanas. Requiere de acciones sociales y políticas, y también individuales y
personales, para trascender el mero enriquecimiento de unos pocos y ser fuente
de riqueza colectiva.
Armunia
tiene derecho a ser León y no ser marginada a cola de León. Y tiene el deber de
no conformarse. De participar de la construcción de un futuro que,
inevitablemente, aquí y en el mundo entero, pasa por el mestizaje, la
tolerancia y la solidaridad.
La vieja
presa debe dejar de ser línea de divisoria y convertirse en cauce de unión.
Alguien debería pensar en recuperarla como espacio natural, con sendas a ambos
lados y, por pedir, hasta una bolera, un tablao para jotas y flamenco y el
recuerdo de alguno de sus molinos.
Volvamos a
creer en San Roque, en unas buenas fiestas de Armunia para todo el mundo. Que se
levanten sobre la era montañas de melones y sandías.
No nos
lamentemos de la enfermedad del abandono.
Comamos y
bebamos; bailemos y riamos. Cantemos… y contemos una nueva era para Armunia.
¡Que comience la fiesta…!
¡Viva San Roque!
¡Prosperidad
para Armunia!
Ana Gaitero Alonso.
Pregón de las fiestas de San Roque, en Armunia
Pronunciado el 16 de agosto de 2010 en la era del pueblo (o en lo que de ella queda).
Pronunciado el 16 de agosto de 2010 en la era del pueblo (o en lo que de ella queda).
sábado, 10 de agosto de 2013
De la viña al vino
Pregón XIV Feria
Vitivinícola de Gordoncillo
Gordoncillensas,
gordoncillenses, autoridades, amigos y amigas, visitantes, gentes del sur de
León:
El vino y su cultura
milenaria nos reúnen un año más en este ritual de agosto de la ya consolidada
Feria Vitivinícola de Gordoncillo. Son ya catorce ediciones. Felicidades: Al
pueblo y a las viñas; a viticultores y a
vuestra bodega. No os puedo nombrar uno a uno, una a una, porque sois mucha y
buena gente la que está detrás de este gran proyecto de desarrollo rural sostenible.
Todas y todos sois protagonistas
y responsables de este festín vitivínicola; como también lo son el Ayuntamiento
de Gordoncillo y su alcalde y Corporación, que no escatiman esfuerzos para que todo
salga a pedir de boca, la plaza se llene de buena uva y el personal se parta de
risa con las acrobacias del humor del Festival Internacional de Payasos. Una
hazaña cultural y estival que, dicho sea de paso, cumple once años.
Mis
parabienes también para las instituciones, entidades y empresas que colaboran
en la decimocuarta Feria Vitivinícola de Gordoncillo: Diputación de León, Junta
de Castilla y León, Gordonzello S.A. y la Asociación Musical Orquesta Ibérica. De
algunas se puede decir que por una vez hacen lo que deben.
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Premio Semilla,
Vendimiadora
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