lunes, 2 de julio de 2012

Arremangadas

Canto rodado. Domingo 1 de julio de 2012 (Revista. Diario de León).

Por Ana Gaitero

"Las mujeres mineras se han untado las manos de carbón en un acto de dignidad y de lucha para acallar a quienes llaman terroristas a los mineros"


La imagen de las mujeres de las cuencas mineras expulsadas del Senado por los servicios de seguridad es una de las que más daño ha hecho al Gobierno en el conflicto de la minería del carbón, que va camino de cumplir mes y medio. Las mujeres se han arremangado y se han untado de carbón. Protestan pacíficamente y crean redes de solidaridad.
Son muchos siglos de aprendizaje los que las mujeres llevan en las espaldas para luchar de manera pacífica. Y el siglo XX la época en la que ha cuajado la mayor revolución de la historia gracias a esa lucha pacífica. El movimiento sufragista se asentó en este tipo de movilizaciones. El feminismo, también. Olga Castrillo, una de las fundadoras de Flora Tristán, lo recordaba en la fiesta de la Dignidad en la que las asambleas de IU de Villaquilambre y San Andrés premiaron a este colectivo de mujeres combativas y al no menos combativo Manolo Sierra, a quien el alcalde de Valladolid quiere borrar del mapa tachando sus murales con las brigadas municipales —pagadas por el vecindario y todo el país— y con multas indignas.
Esa imagen de las mujeres en el Senado, digo, ha hecho mucho más daño que la cacareada y dicen que hasta multada indisciplina de voto del senador por León Juan Morano (PP) o que el intento del senador por Castilla y León, Ibán García del Blanco (PSOE) de entregar a Rajoy un casco minero.
A la carretera
Ahora las mujeres han dado el salto de ocupar las instituciones (las asturianas fueron expulsadas del Parlamento por una mujer, la presidenta del PP) a ocupar la carretera, la plaza y los pozos. La protesta organizada en Ciñera en mitad de la N-630 refuerza a este enclave minero, un pueblo surgido al albur de las explotaciones de carbón, como el emblema de la lucha minera del 2012.
¿Malo y caro?
El ruido y la ocupación del espacio destinado a los vehículos fueron sus únicas armas. Mientras, los hombres (y cuatro mujeres, también mineras) dan otra vuelta de tuerca a las movilizaciones pacíficas con la III Marcha Negra. Las mujeres del Alto Bierzo acamparon en la plaza y las de Laciana se disponen a hacer una manifestación hacia los pozos María y Calderón, donde se libraron las últimas luchas por la minería del Valle.
No se entiende, y las mujeres tampoco entienden, que se hayan destinado millones de euros en ayudas para abrir nuevas explotaciones si el Gobierno excluye el carbón nacional por «malo y caro», como dijo el secretario de Estado de Energía, Fernando Martí nada más tomar posesión del cargo.
Las mujeres de la mina —las mineras, y esposas, madres, hijas, hermanas de mineros— siempre han estado al lado de los mineros. Ahora hacen cuentas y no les salen. Los 160 millones que el Gobierno niega a las minas de carbón son calderilla para un país que se permite el lujo de dedicar cerca de 100.000 millones de euros para salvar un banco hundido por los sucesivos atracos legales de la clase política y especuladora.
No se apea del burro
Hay un run rún de fondo que hace pensar en otros motivos muy distintos a las ayudas para que el ministro Soria, avalado lógicamente por el presidente del Gobierno, no se apee del burro ni por un momento. El histórico sindicalista del SOMA-UGT asturiano apuntaba a razones políticas e ideológicas durante la etapa que realizó con los mineros entre León y Villamañán. Acabar con unos territorios con conciencia social.
Las mujeres mineras son una imagen de la dignidad necesaria. La que urge practicar día a día porque la felicidad y la libertad hay que conquistarlas para disfrutarlas. «La única lucha que se pierde es la que se abandona» (Premio Dignidad).

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